Amor de otoño

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Amor de otoño
“Aquí hay muchos ancianos enamorados, pero las abuelas no los quieren”, enuncia Rigoberto sonriendo Tomada de www.taringa.net

Cuando los años hienden el rostro y los párpados reflejan el cansancio de la vida, cuando el tiempo deja su huella y algunos cabellos se tornan grises, hemos llegado.

Sin lugar a dudas, arribamos a la tercera edad. La curva de la existencia comienza a declinar lentamente. Es el momento donde observamos el camino recorrido: mezcla casi perfecta de alegrías, desencantos, deslices y aciertos.

Alcanzar la etapa es –por mucho- un logro, provecho del alma. Puede significar el fin de disímiles historias, pero -de igual forma- la renovación de muchas otras. Y es que el cubano no se queda detrás en este sentido.

He aquí donde el amor entra en escena una vez más y vuelve terco a apostar. Lo asociamos en ocasiones a la juventud. Sin embargo, ¿no se puede querer también cuando recibimos el don de la senectud? ¿Es razonable ostentar a los ochenta cosquilleos en el vientre como un adolescente? Díganselo a un “cubaniche” de más de 60 años.

Así lo confirman Catalina Viera y Rigoberto Hernández, ambos pasan los setenta y cultivan su “tesoro” en un hogar de ancianos en el pueblo de los framboyanes.

Cuenta Rigoberto que vivía solo. Tenía, según él, “lo indispensable”. Pero algo faltaba. No fue hasta que -a través de sus amigos- llegó a la casa de abuelos. Allí se percató de lo que tanto necesitaba: compañía, afecto.

Encontró el amor, aquel que hacía buen tiempo daba por perdido. Tocó a sus puertas el sentimiento y de qué forma. Confiesa pícaro que cuando conoció a Catalina se fue acercando y ella, en consecuencia, entendiendo.

“Salí al portal, miré al cielo y mis ojos contemplaron el nuevo mundo que se abría paso. Me siento feliz con ella, ojalá la hubiese conocido años antes”, comenta emocionado.

Esta es una segunda declaración de amor

“Quedé hipnotizado. No sabía qué hacer, si caminar hacia adelante o para atrás. Me senté a su lado y le dije si quería tener a un viejo bonito. Ella me respondió sonriendo: estoy a tu disposición, esto no me lo pierdo. Experimenté lo que hacía rato no había”.

Asimismo, Catalina expresa que Rigoberto abrazó su corazón. “La pasión en la tercera edad se trata también de ternura y compañía. Jugamos dominó, hacemos ejercicios, compartimos poemas y saboreamos lo carnal”.

Confiesa Rigoberto que hubo un tiempo en el cual no disfrutaba de apegos, zapatos, ni de mucha ropa. No obstante, conocer a su amada devolvió sentido a su existencia. Se casaron un 14 de febrero con la ayuda de todos en el Hogar.

Hoy nos deja un mensaje al respecto. Dice que encontrar el amor no es difícil, incluso cuando se es joven. A veces no se aprovechan sabiamente las oportunidades.

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