El “laboratorio” cubano

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El “laboratorio” cubano

No, no vamos a hablar sobre investigaciones, ni nos referiremos a los laboratorios de química, física o biología de cuando íbamos a la escuela, sino a uno más cercano, conocido por todas las amas de casa de Cuba: ¡la cocina!

Foto tomada de internet.
Cocina de leña, Cuba. Foto tomada de internet.

Sin dudas, el área de la cocina cubana bien podría llamarse “laboratorio”, porque cuando las madres, abuelas, y también padres, por qué no, entran a ese espacio, tienen que despojarse de sus roles habituales, y transformarse en “científicos locos”, capaces de innovar, experimentar y crear platillos apetecibles con escaso instrumental y pocas “sustancias”.

Recuerdo que el momento climático de la innovación en los laboratorios fue en los años 90. Gracias a invenciones terroríficas conocidas como “masa boba” o pasta de oca, picadillo de soya, cerelac y demás, que se vendían en las carnicerías y bodegas, las madres tenían que ser de lo más creativas para convertir aquello en algo que pareciera un alimento digno de comerse.

Picadillo de soya, Cuba. Foto tomada de internet.
Picadillo de soya, Cuba. Foto tomada de internet.

Ahí aparecían croquetas de aspecto misterioso, medallones perfumados con albahaca y cremitas de cerelac, que después de tres o cuatro, una llegaba a encontrarlas de lo más buenas. Yo recuerdo que una vez mi abuela hizo un dulce de zanahoria y col, y mi papá frió unos mangos. Ahí se convirtieron en verdaderos merecedores de la bata blanca y las gafas transparentes que usualmente visten los científicos.

Pero a pesar de que los 90 quedaron atrás hace mucho, los “laboratorios” cubanos siempre carecen de algo, ya sea líquido o sólido. Uno al que le encanta desaparecerse de vez en vez es el puré de tomate. Siguiéndole los pasos están el aceite de girasol, el vinagre, y las especias como el bijol, el comino, el clavo de olor… Y ni hablar de los cárnicos y los lácteos.

Mercados sin productos, Cuba. Foto tomada de internet.
Mercados sin productos, Cuba. Foto tomada de internet.

Por eso, creo que todas las personas de a pie que tienen que enfrentarse día a día al laboratorio cubano de verdad se merecen toda la admiración del mundo y el agradecimiento infinito de quienes alivian su hambre voraz con sus experimentos. Digan si no es verdad.

Autor: IHTrujillo

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