En San Lázaro se da la confluencia de dos personajes distintos: San Lázaro, amigo de Jesús – que fue canonizado por la Iglesia Católica Romana – y Lázaro, el pobre mendigo representado como un anciano melenudo y barbudo que viste harapos y usa un par de muletas, con las piernas llenas de llagas y rodeado de perros, que siguen las masas populares.
«Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas.»
Lázaro es un nombre significativo en el idioma de Israel. Quiere decir: «Dios es mi auxilio». Lázaro y sus dos hermanas, Santa María de Betania y Santa Marta, eran amigos de Jesús y le invitaban a su casa en Betania, cerca de Jerusalén, donde era amado y acogido.
Señal de su intimidad con Jesús es el hecho de que este, aún yendo a resucitarle, luego de morir Lázaro, lloró, al contemplar el duelo de María y Marta.
Uno de los milagros más grandes atribuidos a Cristo por la religión cristiana fue precisamente el traer de nuevo a la vida a Lázaro.
A estos episodios se limita la mención de Lázaro en el Nuevo Testamento. Según las tradiciones judeo – cristianas acompañó a San Pedro a Siria o que fue embarcado por los judíos en Jaffa en una nave que hacía agua y sin velas, con sus dos hermanas y otros cristianos hasta que llegó a la isla de Chipre. Lázaro fue, según esa tradición, elegido obispo de Kition y murió 30 años después.
En el siglo XI, la leyenda provenzal de Santa María Magdalena, pone a Lázaro como obispo de Provenza y muerto como mártir en Francia. Incluso el Papa Benedicto IX, al consagrar la Iglesia de San Víctor de Marsella, afirmó que sus reliquias estaban ahí (lo único cierto de todo esto es que hubo un Lázaro obispo de Marsella, pero en el siglo IV). (Con información del perfil de Facebook del profesor Paul Sarmiento).
Los cubanos y San Lázaro
Devotos de toda Cuba veneran hoy a San Lázaro, santo milagroso conocido también como el Babalú Ayé del panteón africano, cuyos seguidores peregrinan y pagan promesas por la restitución de la salud.
La celebración que aglutina a fieles de toda la isla tiene sus orígenes en la tradición popular que implica suplicar por el bienestar familiar, así como alejamiento de todo tipo de maldad.
Cuenta la historia que en este santo se enrolan tres figuras, tres historias; San Lázaro, el personaje bíblico amigo de Jesús y hermano de Marta y María Magdalena; Lázaro, el mendigo de una parábola del Evangelio de San Lucas; y el yoruba, el orisha africano emergido del sincretismo, Babalú Ayé.
Una de las principales características de la celebración que enriquece el imaginario popular ha sido el peregrinar de cientos hasta el Santuario o Iglesia de San Lázaro en El Rincón, ubicado en las afueras de La Habana, en el capitalino municipio de Boyeros.
Allí muchos creyentes no solo se consagran a su fuente de agua milagrosa, también recorren de rodillas o arrastrando piedras y cruces para cumplir promesas pendientes por beneficios recibidos al tiempo que visten prendas de color violeta, encienden velas o tributan flores y estampillas con el retrato de San Lázaro.
En tiempos de crisis sanitaria, los cubanos reavivan su fe al volver al rincón de los milagros, marcado por lo sincrético entre las tradiciones españolas y africanas. (Con información del portal Cubasí).
