Ya soy pionero!

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Ya soy pionero!

Ese día no se nos olvida nunca. Nos hacemos pioneros a través de un símbolo, un atuendo que implica todo el respeto y devoción de un niño de nivel primario. Una prenda que llevamos con orgullo desde el primer día y por siempre. Una pañoleta azul como nuestro mar, azul como nuestro cielo, nos premia la voluntad de llegar temprano a la escuela, el tesón conque aprendemos a leer, a escribir y a contar. La ilusión conque soñamos y la emoción con la que cantamos el himno de nuestra escuela. ¿Quién que haya estudiado en Cuba no tiene esos recuerdos? El día en que nos ponen la pañoleta mamá quiere que el peinado quede mejor que nunca. Las medias blancas bien estiradas. Las manos limpias, y la cara, y los dientes…El uniforme impecable, aunque se hayan tenido que acostar más tarde planchando la noche anterior, y aún inconformes pueden atreverse a dar un postrero retoque. La colonia, los zapatos bien lustrados, la maleta!. Los nervios del día de la pañoleta son un alegre manojo compartido en familia. Al fin, el camino hacia la escuela tantas veces recorrido, pero esa vez lleno de amiguitas y amiguitos que nos saludan con el mismo nerviosismo. En la escuela el timbre anuncia el comienzo del matutino, «que especialmente está dedicado a los niños de primer grado, que hoy recibirán su pañoleta». Qué emoción! La fila inquieta de niños zigzaguea y la maestra tiene que poner orden una y otra vez. Como magas llenas de encanto, cada mamá viene con la pañoleta que va a ponerle a su hija o hijo al brazo, con la sonrisa más bonita de su extenso repertorio de sonrisas. Y también hay algunos padres, y hasta abuelitas y abuelitos que acuden como ángeles guardianes de sus nietos…y otros asomados a la cerca, porque todos quieren ver el acto, pero no todos caben en el patio. Se iza la majestuosa bandera de la estrella solitaria y luego del precioso y emotivo himno, con ese saludo bonito y respetuoso que aprendemos desde infantes, se pronuncian las palabras de apertura de la directora. El sol mañanero alumbra las cabecitas de todos los niños, y con especial resplandor la de todos los niños de primer grado, que reciben la pañoleta como un abrazo. Los besos. Los abrazos de las madres. Las esperanzas de los educadores puestas nuevamente en una nueva generación. Un día feliz e inolvidable aquel en que todos volvimos a casa hechos pioneros.

Autor: Fanny Laferté Zarza

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