UNA HISTORIA DE AMOR DIFERENTE

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Cuba
Tomada de Cubahora
Eva comenzó a quedarse dormida en cualquier lugar sin razón aparente. En ocasiones tomaba la silla de toda la vida y descansaba el cuerpo con su ropa despeinada en la terraza, al calor del atardecer y mirando fijamente al horizonte.
Como de costumbre Alfredo le hablaba de todo y nada desde el pasillo que llevaba a su pequeño espacio. Conversaban sobre los avatares de la vida y lo último que había acontecido en la polvorosa barriada que habitaban por casi 40 años.

Sin embargo, Eva no se atrevía a desafiar el sonido del silencio últimamente. Alfredo alzaba la vista y ella dormía profundamente.

Era costumbre compartir juntos los mejores audiovisuales de la semana. Alfredo nunca escatimó para emitir su opinión cuando la emoción del momento así lo requería. Eva lo hacía callar de sopetón, alegaba que no podía prestar atención. Después le regalaba el cálido beso de siempre, que con el paso del tiempo se esfumó.

Eva empezó a recibir cuidados y tratamientos contra el Alzheimer. Un mal ha dañado su memoria y, sin querer, ha roto el corazón de Alfredo. Ella, en su afán de no olvidar, lleva aún en su mano una de las cartas de amor que recibió de su esposo cuando eran novios.

A pesar del avanzado estado de la enfermedad que hoy padece, esta no ha podido con el amor que el anciano siente.

Cierto día Alfredo necesitó curar una herida en la mano, la cual se había hecho mientras trabajaba en el jardín que Eva soñó para su hogar. Tenía bastante prisa. Fue el instante en que el doctor le preguntó:

-¿Qué le urge a usted, abuelo?

Alfredo respondió que debía llegar temprano a su casa para almorzar con su mujer, quien tenía Alzheimer.

Al vendar la lesión, el médico indagó nuevamente sobre si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde. Alfredo confesó que no. Eva ya no lo conocía.

Acto seguido, el galeno volvió a curiosear:

-¿Por qué tiene necesidad de acompañarla en cada momento?

El hombre de ojos cansados lo miró dulcemente y con palmaditas de agradecimiento en la espalda le dijo:

-Eva no me recuerda, pero yo sé muy bien todavía quién es mi amor.

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