¿Cómo llegó el béisbol a Cuba?

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Tomada de universobeisbol.mlblogs.com

La pelota cubana constituye el deporte nacional por excelencia. Son muchos los “cubaniches” que siguen esta práctica deportiva alrededor de la Isla. La afición colma en innumerables ocasiones estadios y gradas para observar a sus equipos jugar.

Todo Cuba Online te comparte cómo el béisbol arribó a la Mayor de las Antillas.

La presencia del juego de bolas y strikes en Cuba se registra en diferentes localidades del país como Matanzas, Caibarién y Remedios.

Quienes saben prefieren señalar que los pioneros en tal actividad deportiva fueron los matanceros a mediados del siglo XIX.

Ellos afirman que trabajadores portuarios de la bahía de Matanzas y tripulantes de varios cargueros estadounidenses establecieron los primeros contactos.

La cercanía geográfica con el país norteño desempeñó un rol fundamental a la hora del contacto con el béisbol. Recién comenzados los años 70 y debido a la situación política de la Isla en aquel entonces, muchas familias adineradas enviaron a sus hijos a estudiar en universidades extranjeras.

Desde hacía años, la pelota era practicada en algunos centros de altos estudios de los Estados Unidos, por lo cual varios cubanos conocieron cómo se jugaba mientras cursaban sus materias.

Al regresar de vacaciones, algunos trajeron implementos propios del novedoso juego. De esta forma, numerosos vecinos de la barriada habanera del Vedado comenzaron a familiarizarse con él.

Al principio hubo un poco de dificultades con los guardias españoles, pues consideraban estos artefactos como bélicos y totalmente disfrazados.

Poco tiempo después de varias prácticas semiclandestinas, los habaneros contactaron con los matanceros para fijar un encuentro en la región yumurina a finales de 1874.

La fecha escogida fue el 27 de diciembre, donde ocurrió el tope en un terreno improvisado de la llanura Palmar de Junco.

Por primera vez dos novenas debidamente organizadas acordaban realizar un desafío. Los detalles principales los recogió una crónica publicada en el periódico El Artista, el 31 de diciembre de 1874.

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