Cuando se habla de talentos de la actuación en Cuba, sin lugar a dudas entre los más destacados y populares hay que mencionar a los hermanos Luisa María Jiménez y Héctor Jiménez y hoy están cumpliendo sus 59 años. ¡FELICIDADES!
Estos queridos actores, además de que por sus venas corra la misma sangre, también los une la gran pasión por los escenarios.
Llena de sensualidad y belleza, Luisa María Jiménez, la eterna Tojosa, a sus 59 años continúa mostrando el increíble talento, que la ha acompañado por décadas, convirtiéndola en una de las artistas más queridas por el público en Cuba.
Néstor, que no se queda atrás, es recordado por miles de cubanos por sus actuaciones en televisión, sobre todo en el programa ‘Para bailar’, en la década de 1970 y que lo lanzó a la fama. Sin embargo, su éxito definitivo fue con la interpretación de ‘El Chino’ en el filme cubano ‘Zafiros, locura azul’.
Nacidos en la villa de Trinidad, de la provincia de Sancti Spíritus, en el año 1962, con menos de 10 años ambos sabían que su mundo sería ligado al arte.
El deleite por el baile hizo que en un principio Luisa María comenzara tomando clases de danza y de folclore yoruba, latinoamericano y europeo. A los 17 años viajó a La Habana a estudiar en la Escuela Nacional de Arte y de allí pasó a cursar estudios en el Instituto Superior de Arte. Con su título ya en la mano, integró el grupo de teatro Bertolt Brecht, en el Teatro Mella, espacio en el que compartió escena con algunos de los actores más importantes de la época y aprendió de Luis Alberto García (padre), Litico Rodríguez, Samuel Claxton, René de la Cruz, Mario Balmaseda, Elvira Enríquez, Liliam Llerena, Idalia Anreus y otros tantos. Una vez graduada forma parte de ese mismo grupo.
Su carisma y talento le hicieron ganarse la confianza de los directores, y le dieron sus primeros protagónicos. Así llegaron sus estelares en obras como “Rampa arriba, Rampa abajo”, “La boda de los pequeños burgueses”, “Mar nuestro”, “La barbacoa” y “Humbolt y Bolívar”.
Su indiscutible belleza también le valió para ser modelo de la prestigiosa casa de modas cubana La Maison, de la mano de Norka Méndez, quien supo llevar la pasarela cubana a Europa, al punto que Luisa María desfiló en la mismísima Casa Chanel con un traje de miliciana y ante el asombro de los presentes. Fue fotografiada como una musa por el gran maestro del lente Alberto Korda, mientras Paco Rabanne y el Márquez de Pucci la seleccionaron en varias ocasiones para formar parte de los desfiles de sus colecciones.
Por tres años se alejó de la actuación y el mundo de la moda se convirtió en su prioridad, pero el teatro terminó por importar más y así puso fin a su etapa de modelo.
Después llegó a televisión, y aunque sus inicios fueron por todo lo alto, en un teleteatro junto al renombrado Enrique Santiesteban, la obra nunca se pudo filmar, al menos con ella. En ese tiempo, ensayaba en el teatro la puesta en escena de Humboldt y Bolívar, con Mario Balmaseda. Aunque siempre trataba de llegar temprano al ensayo del teleteatro, a su primera tardanza terminó de paticas en la calle por el director Silvano Suárez.
Sin embargo, encarnó otros personajes inolvidables en los dramatizados: El año que viene, La Botija y La cara oculta de la Luna. Pretendiendo volver a probar suerte, se presentó en el casting de la telenovela Sol de Batey, pero le dijeron que su piel era demasiada blanca para el papel y que necesitaban a alguien de piel más oscura.
Luisa María, como presintiendo que ese sería el papel que le marcaría la vida, le explicó al director Roberto Garriga que podía “tostar” su piel al sol hasta llegar al tono que él deseaba, pero que, por favor, le permitiese hacer la prueba.
Luego de aprenderlo, Garriga le dijo: “párate frente a cámara y hazte la idea de que estás delante de Liberato”. Para su suerte, al sentir que se le agotaban los recursos, en ese momento, el director paró la escena y le dijo: “Me convenciste, eres la Tojosa” …. de esta forma, en 1985, llegó el papel de su vida. Con el tiempo también vendría la telenovela Tierra Brava, en la que tuvo uno de los papeles coprotagónicos, la niña Lala, y que le devolvió la atención del público en Cuba.
El mundo del cine ha sido para ella como un amor difícil, lo veía como algo que no era para ella. Sólo le permitía un poco, en donde aparecía en películas como “una más”. Su primer papel protagónico en el cine fue Rosa la China. Una historia de pasiones con el actor español Juan Luis Galiardo. Al mismo tiempo trabajaba esforzadamente ya que coincidió todo su tiempo con la seria televisiva “Salir de Noche” donde hacia el papel de una madura modelo de pasarela. Laboraba 24 horas. La actuación como Rosa la China la impulsó a formar parte del festival de cine de Venecia.
A pesar de que en el año 2013 le tocó vivir el peor momento de su vida, o su momento más cercano a la muerte, supo salir… renacer como un fénix y volver a la vida y aquí la tenemos, viviendo su segunda vida y sabiendo que los 59 años que hoy cumple son un nuevo momento para decir que venció a la parca para seguir siendo la Tojosa de siempre.

Néstor empezó en un grupo de teatro para aficionados, en su ciudad natal, llegando incluso a obtener premios en el conocido Festival Nacional, que le valió para viajar a La Habana y presentar su obra en la sala Hubert de Blanck, todo un sueño estando aún en el preuniversitario.
Posteriormente con 17 años, tras resultar seleccionado para cursar estudios en la Escuela Nacional de Arte, en la especialidad de Artes Escénicas, lleno de fantasías y sueños, partió a la capital.
Allí tuvo la gran suerte, por su inmenso talento, de ser seleccionado para participar como conductor del programa de televisión juvenil que hizo época en Cuba a finales de los años 70 del pasado siglo: Para Bailar.
Allí compartió pista con excelentes actores que también comenzaban a fraguarse en el mundo del arte como Alberto Pujols, Salvador Blanco, Lily Rentería y Cary Ravelo. Para muchos de los que disfrutaron de este espacio, Néstor, Albertico y Cary destacaban sobre el resto, por su persistencia y don de asumir cualquier género con éxito.
Sin embargo, su gran rol, sin dudas, no fue en la pequeña pantalla, sino el en cine, cuando encarnó a ‘El Chino’, en el filme cubano ‘Zafiros, locura azul’, que terminó consagrándolo entre el público en la Isla. A la perfección fue capaz de asumir y transmitir toda la angustia, complejidad y contradicciones que llevó en su vida este estelar cantante del que quizás sea el quinteto más legendario de la música cubana.
Con los años, expresa su preferencia por el cine, aunque el teatro siempre disfruta hacerlo “porque le va por la sangre”, aunque ya no suba al escenario con tanta frecuencia.
Para escoger un personaje necesita que lo conmueva, desde que está leyendo el guion. Siempre mira las aristas que le permitan darle sus propios matices, sin embargo, dice que siempre no le convencen los personajes que hace, pero debe asumirlos porque “tiene que vivir y no puede darse el lujo de estar rechazando cosas”, aunque ha dejado claro en varias ocasiones que tampoco hace todo lo que llegan a proponerle.
“A mí me gusta mucho mi profesión, es lo único que sé hacer, se lo agradezco todo a ella. Soy un hombre satisfecho profesionalmente, incluso con las cosas que me han quedado mal. No me avergüenzo de nada de lo que he hecho. En la calle, la gente me saluda con afecto, cariño, con respeto. Se me acercan con esa cosa del agradecimiento de que, si estoy, entonces vale la pena verlo y eso es lo importante”, dijo Néstor hace unos años en una entrevista.
